Madrid, 27 de noviembre de 2011
El mensaje de una canción me inspira a pensar en esta frase: no, no por un minuto cambiaría el lugar en el que estoy. Todo lo vivido con este maravilloso grupo de seres que conozco hace apenas un mes está marcando mi vida por completo, está pasando al lado de mi memoria a largo plazo y ya nada entre mis venas entre cada pulsación.
Vivir y pertenecer a países distintos nos hace tomar distintos rumbos, pero esto es así de exquisito porque buscamos una misma meta: somos espejos de los otros en el sentido de nuestro objetivo en común, el servicio. Y ser espejo significa reflejar y verse reflejados, lo que implica necesariamente un crecimiento sostenido y paralelo de todos los que integramos este grupo (mérito grande de los responsables que lograron reunirnos aquí).
Así que, tras el reflejo, lo que he aprendido de mí misma hasta ahora no es mi objetivo, que lo tengo claro desde antes del programa. Lo que aprendí hasta ahora es que soy plural, que tengo miles de caminos delante de mí para lograr este objetivo y que la decisión de tomar uno y no otro -camino- depende solo de mí misma y de las circunstancias de la vida.
Aprendí que soy plural, que tengo un modo de ser en cierto modo compatible con el modo de ser de estas personas en el resto la región latinoamericana, y que lo que no tengo de compatible sería la posibilidad de la perfectibilidad humana de siempre ser mejores.
Aprendí que soy plural, que cada joven aquí, como yo, tiene miedos y confianzas, aciertos y errores, críticas y méritos, modos de ser y de interdepender, y que puedo proyectarme en ellos y encauzarme, contestar mis preguntas con ellos, dibujar un rumbo, unirme o separarme, extrañar y estimar, complicar y simplificar.
Aprendí que soy plural, que conozco personas que hablan mi mismo idioma, aunque con dialectos y tonadas distintas que a veces no comprendo, pero que me hacen ser más mundial. Aprendí que soy plural, que lo que vivo y siento yo también lo viven y lo sienten ellos, y que si yo me siento especial, ellos también lo son… y tanto más.
Gracias a esta experiencia he notado con gravedad que falta mucho perfeccionar mi modo de ser, pero con alegría, que ya empecé a ello. Los miedos que tanto me detienen a abrir mi modo real de ser (un sentido de prudencia excesiva) se están esfumando de a pocos. Cada vez voy saliendo de mis prejuicios e inseguridades, y voy aceptando y aceptándome. Así, lo que estoy aportando al grupo es cada vez más mi verdadero yo, en donde lo estoy descubriendo único, irrepetible, bueno y aceptado.
Y esta oportunidad es nueva y diferente porque solo había sido ‘yo’ con las personas de mis círculos más íntimos a quienes conozco por más tiempo -esto de la empatía no es algo que suelo lograr con grupos más grandes-. Pero este es el reto: ser servidora pública o política me implica ser empática, aunque lo que tenga que hacer no sea ‘buscar’ ser empática, sino ‘ser’ realmente empática por el propio peso del valor de mi persona.
Aportar mi verdadero modo de ser es una buena experiencia. La autoestima mejora y se sonríe con más seguridad. Ya quedan atrás las máscaras de los miedos a la crítica y las preocupaciones a no encajar. Desnudar el verdadero modo de ser y aportarlo al grupo es la mejor experiencia. Me hace creer más en mí misma y en mis propias capacidades.
No quiero pensar en lo poco que queda y en lo rápido que se pasa el tiempo. La bendición de haber venido aquí me está permitiendo enrumbar mejor un camino futuro aún incierto y a medio iluminar que ya iré configurando con mis propias decisiones. La pregunta de dónde tengo que ir creciendo no se puede contestar rígidamente. No hay un “dónde” específico, porque el camino es insospechado y del futuro no sabemos nada. Más aún, el crecimiento no tiene destino, sino que es diacrónico para cada destino y lo acompaña.
El crecimiento no tiene lugar porque no sabemos dónde estaremos, pero sí sabemos que en donde estemos seguiremos creciendo. En donde me toque estar, en donde la Providencia decida que es mi lugar en el mundo y que eso que haga es lo que tengo que hacer, allí es donde tengo que seguir creciendo, seguir demostrándome a mí misma y a los demás, y seguir adquiriéndome a mí misma y a los demás.
Y será en esos lugares en donde aplique lo que estoy aprendiendo aquí, y en donde, además, recuerde todos estos bellos momentos por los que sí cambiaría un minuto para volver al lugar en el que ahora estoy.
Vanessa! que hermosas palabras! no sabía que mantenías este espacio. Estaré al tanto de lo que publiques en él. Saludos desde Guadalajara, México.
Atte. Angel Gabriel Cabrera Silva.